2015/11/12

Cuatro presos del barrio no pueden recibir visitas de sus padres o madres.

Los vecinos del barrio Alberto Viedma (Almería, 970 km), Patxi Ruiz (Huelva, 1039 km), Xabi Perez (Córdoba, 838 km) y Txuma Altable (Castellón, 488 km) no pueden recibir la visita de sus padres o madres por la paliza que supone el viaje. La incompatibilidad de la dispersión con las enfermedades y la avanzada edad de los familiares es evidente.



Un viaje de 1000 o 2000 kms en uno o dos días es una paliza para todo el mundo, pero más aún para las personas que ya han llegado a una edad. Las dificultades en la movilidad o las enfermedades crónicas que aparecen en edades avanzadas son un gran problema para que padres, madres e hijos puedan verse, por estar encarcelados a tan larga distancia.
En el barrio son cuatro los presos políticos que hace varios meses no pueden recicir visitas de sus padres o madres. En el caso de Alberto Viedma (Almería) y Patxi Ruiz (Huelva), sus padres no pueden hacer el viaje de 2000 kms por las enfermedades que padecen, ya que necesitan de una atención especial que es totalmente incompatible con estos viajes tan largos. En el caso de Xabi Perez (Córdoba) y Txuma Altable (Castellón), sus madres no pueden hacer el viaje debido a la movilidad reducida que padecen, totalmente incompatible también con viajes tan largos.
Estas madres y padres pueden hacer una vida relativamente normal por el barrio, por Iruñea o incluso desplazarse en breves trayectos. Sin embargo, un muro les rodea, tan alto o más que el que  retiene a sus hijos, que impide que puedan verse y mantener una relación constante con sus hijos.
Un muro de cientos o miles de kms, tan ilegal y contrario a los derechos humanos como los que se están construyendo en los diferentes países de Europa para frenar la inmigración o los que construyen los israelíes para encerrar a los palestinos. Solo que este muro es invisible, no está hecho de cemento y hormigón, sino de venganza y crueldad. Solo así puede entenderse que un padre o una madre tengan que sufrir también la condena impuesta a sus hijos, negándoles, en muchos casos, las visitas de por vida.
La solución es fácil, acabar con la dispersión y traérlos a las cárceles mas cercanas a su entorno familiar y de amistades, es decir, a la cárcel de Iruñea. Así se garantizaría que estas familias pueden seguir manteniendo sus lazos afectivos y pueden tener relación constante con sus seres queridos.