Los vecinos del barrio Alberto Viedma (Almería, 970 km), Patxi Ruiz (Huelva, 1039 km), Xabi Perez (Córdoba, 838 km) y Txuma Altable (Castellón, 488 km) no pueden recibir la visita de sus padres o madres por la paliza que supone el viaje. La incompatibilidad de la dispersión con las enfermedades y la avanzada edad de los familiares es evidente.
Un viaje
de 1000 o 2000 kms en uno o dos días es una paliza para todo el mundo, pero más
aún para las personas que ya han llegado a una edad. Las dificultades en la
movilidad o las enfermedades crónicas que aparecen en edades avanzadas son un
gran problema para que padres, madres e hijos puedan verse, por estar encarcelados
a tan larga distancia.
En el
barrio son cuatro los presos políticos que hace varios meses no pueden recicir
visitas de sus padres o madres. En el caso de Alberto Viedma (Almería) y Patxi
Ruiz (Huelva), sus padres no pueden hacer el viaje de 2000 kms por las
enfermedades que padecen, ya que necesitan de una atención especial que es
totalmente incompatible con estos viajes tan largos. En el caso de Xabi Perez
(Córdoba) y Txuma Altable (Castellón), sus madres no pueden hacer el viaje
debido a la movilidad reducida que padecen, totalmente incompatible también con
viajes tan largos.
Estas
madres y padres pueden hacer una vida relativamente normal por el barrio, por
Iruñea o incluso desplazarse en breves trayectos. Sin embargo, un muro les
rodea, tan alto o más que el que retiene
a sus hijos, que impide que puedan verse y mantener una relación constante con
sus hijos.
Un muro
de cientos o miles de kms, tan ilegal y contrario a los derechos humanos como
los que se están construyendo en los diferentes países de Europa para frenar la
inmigración o los que construyen los israelíes para encerrar a los palestinos.
Solo que este muro es invisible, no está hecho de cemento y hormigón, sino de
venganza y crueldad. Solo así puede entenderse que un padre o una madre tengan
que sufrir también la condena impuesta a sus hijos, negándoles, en muchos
casos, las visitas de por vida.
La
solución es fácil, acabar con la dispersión y traérlos a las cárceles mas
cercanas a su entorno familiar y de amistades, es decir, a la cárcel de Iruñea.
Así se garantizaría que estas familias pueden seguir manteniendo sus lazos
afectivos y pueden tener relación constante con sus seres queridos.